Carmen Valiente Barra
CONCHA GÓMEZ-ACEBO en el Instituto Cervantes
Presentación de la exposición ‘Libros y maletas’ en el Instituto Cervantes de Hamburgo
Mayo 2017

 

La exposición “Libros y Maletas: un refugio” de Concha Góme-Acebo en el Instituto Cervantes de Hamburgo muestra obras creadas entre 2005 y 2017.

Que el título de la exposición haga referencia a los libros y las maletas no llama la atención sabiendo que la artista ha vivido en países tan diferentes como Gran Bretaña, Argentina y Brasil. Los viajes forman parte de su biografía, así como la lectura y la pintura, en la que se inicio de la mano de su maestro Carlos Franco.

Los libros aparecen en diversas “Stillleben” naturaleza en silencio, palabra alemana que se acerca más a los cuadros de Concha Gómez-Acebo que naturaleza muerta o bodegón. En sus cuadros aparecen dos elementos que formaban parte ya en la antigüedad de las primeras Xenias, la naturaleza y la cultura. En los cuadros expuestos aparece esta contraposición en las plantas y los libros.

Ya en las pinturas de Herculano encontramos, como en algunas obras de esta exposición, objetos de cristal. Pintar la transparencia es un desafío pictórico del gusto de Concha al que se enfrenta con serenidad.

Las superficies de los diferentes objetos son el siguiente punto en el que hay que detenerse y disfrutar. La pincelada deja el protagonismo a la textura de la superficie. Esto, unido a un trazo seguro, contornos claros y definidos y una paleta sin estridencias me lleva a utilizar un término, el precisionismo, para hablar de la pintura de Gómez-Acebo y así recalar en la pintura americana de principios del siglo XX. Mientras que Sheeler, o Elsie Driggs se concentran en paisajes exteriores lineales e industriales, lejanos temáticamente de obras como “Libro y ventana”, pero con un tratamiento pictórico de las superficies muy similar, es quizás la obra de Hopper en la que podemos encontrar un tema común, el silencio. Silencio que consigue hacer visible tanto en los retratos como en las naturalezas –Stillleben-.

Las maletas aparecen en sus cuadros más recientes, maletas abiertas y vacías, que desprovistas de su función se convierten en elementos casi arquitectónicos en la composición de las obras. Esto, unido a la falta de detalles superfluos en todas ellas y su búsqueda de claridad, equilibrio y permanencia, hace que estos cuadros sean el contrapunto a la transitoriedad.

Hay otro elemento que me gustaría resaltar en los cuadros de esta exposición: la ventana.

Ya en la pintura alemana del siglo XIX (Carl Gustav Carus, Malerstube im Mondschein. 1826) simboliza el límite entre el exterior y el mundo interior del artista. Así en los cuadros pintados entre 2005 y 2007 Blanquita leyendo (2005), Javierete leyendo (2007), Josete leyendo (2006) son ventanas cerradas que separan claramente el seguramente ruidoso mundo exterior y el interior silencioso y casi en penumbra, donde los jóvenes se sumergen en los libros.

Esa función protectora de la ventana se aprecia en el cuadro Casa de Tintines I (2017)

La ventana cerrada separa ese recuerdo de la infancia del resto de vivencias, lo acota y lo proteje del paso del tiempo. Es un uso muy diferente al propuesto por Alberti en su Tratado “De Pictura” (1435/36),en el que propone utilzar la ventana abierta como estrategia para reproducir sobre lienzo la realidad tridimensional que vería a través de ella.En los cuadros en los que aparece abierta, Maleta y mar I y Maleta y mar II (2017), se convierte en un simple vano. No hay una protección frente al exterior poblado por plantas entrelazadas, inexcrutables y asfixiantes. No hay una visión abierta y perspectívica de la realidad. Son paisajes emocionales, en el exterior la naturaleza amenazante, las plantas, el cielo oscuro frente a un paisaje interior sereno, silencioso y equilibrado. Esta dicotomía crea una tensión sutil en las obras que atrapa nuestra atención y que motiva a que la mirada vaya más allá de las superficies.