Javier Hontoria
Exposición en Galería Utopia Parkway Madrid, octubre-noviembre 2000.

El Cultural. El Mundo, 25 de octubre de 2000

 

La pintura de Concha Gómez-Acebo (Málaga, 1960) es esencialmente una rememoración de toda suerte de vivencias. Una iconografía repleta de guiños a los momentos dulces de la vida de la artista, en cuyas telas y cartones se aprecia su emocionado flirtear entre la fantasía y el sueño. Ventanas abiertas. Recuerdos que se cuelan con el aire y revolotean incansablemente en habitaciones cargadas de memoria. En su anterior exposición rendía un significativo homenaje a Tintín. Eran obras de aires melancólicos, donde mujeres recostadas (¿autorretratos?) medio dormidas, divagaban tras la lectura del personaje de Hergé. Estas pinturas han convertido esos sueños en realidad. Con una fuerte impronta literaria, la artista despliega referencias a lugares lejanos, exóticos, llenos de magia. Parece especialmente interesada en la poética del viaje y tiene en el collage un eficaz instrumento, pues intercala fotografías antiguas con fragmentos de revistas contemporáneas. Una de sus obras, Viajera, muestra una vigorosa mujer caminando por un paraje irreal con una maleta en la que aparecen pegatinas de lugares visitados. Una maleta en cuyo interior descansan sueños y recuerdos de un trayecto siempre imprevisible pero sin duda inolvidable.